Estimulación cognitiva

El dado mandón: origami, juego y terapia

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Aplicaciones: dislexia, déficit de atención con y sin hiperactividad, tempo cognitivo lento…

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Así es: se trata de un dado que manda, pero también es corrector. Su objetivo específico consiste en estimular la atención (sostenida, excluyente, alternante), la resistencia a la interferencia y la capacidad de inhibición, la flexibilidad mental, la fluidez en la ejecución de la tarea…

Los cuadernillos de rehabilitación acaban por resultar tediosos, tanto para el paciente como para el terapeuta. Y no hay nada peor que un terapeuta poco entusiasta. ¡Los niños se dan cuenta enseguida! Si vinierais a consulta a traerme al niño, os enseñaría a utilizarlo en casa, que es lo que vengo haciendo con los padres. Como éste no es el caso, pero sí os saldrá al paso tener que entretener a algún niño en algún momento, este juego os puede venir bien. Os pido dos minutos de atención. Porque este juego no sólo encanta a los niños, sino que al adulto también le obliga a concentrarse y a trabajar, y eso nunca viene mal.

Empezamos por enseñar a plegar un dado: sí, una base bomba de las de toda la vida. Para crear un elemento lúdico a la vez que hacemos trabajar la psicomotricidad, la comprensión del espacio, la geometría, …

En un primer caso sencillo, utilizamos el verde para significar “adelante”, “haz esto”. Verde, como en los semáforos. Y también el rojo para decir “stop”, “no hagas esto”. Rojo, como en los semáforos. Aquí está el dado.

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Se le dice al niño que tire el dado. Si en la cara superior aparece una letra “a” verde, debe decir una palabra que contenga la letra a. Por ejemplo: pato. Si aparece una letra “a” roja, deberá decir una palabra que no contenga la letra “a”. Por ejemplo: leche.

Las posibilidades son tantas como podáis imaginar. Os dejo aquí algún ejemplo para inspiraros:

  • palabra que empiece/no empiece por “a”, “e”, “o”, “i”, “n”, “l”,…
  • palabra que termine /no termine por “a”, “e”, “o”, “i”, “n”, “l”,…
  • palabra que contenga/no contenga “a”, “e”, “o”, “i”, “n”, “l”,…, y que esta letra no sea la primera ni la última.
  • Una cara con rombo azul, una cara con cuadrado verde, una cara con círculo rojo… : decir una figura y un color iguales o distintos, según el caso estipulado, de lo que marque la cara superior del dado
  • Una cara que diga “sílabas” para decir cuántas sílabas tiene una palabra, otra que diga “letras” para decir cuántas letras tiene una palabra, o encontrar palabras con 5 letras (si el dado marca un 5)…
  • Una cara (del dado) con una cara sonriente verde, que indica “sonríe”, otra con cara sonriente roja, que indica “pon cara seria”…

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El juego se puede combinar según se va avanzando, con dos o tres dados, que indiquen /no indiquen algo: por ejemplo:

  • dado 1: “a” roja (palabra que no empiece por “a”)
  • dado 2: “n” verde (palabra que termine por “n”)
  • dado 3: número 3 (palabra de tres sílabas)
  • una respuesta correcta sería: “redacción”
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Plegar, como experiencia emocional

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Artículo publicado por Cristina Belló en el boletín de la AEP Pajarita nº 131 de junio 2015.

Cuando un deseo personal nos impulsa a aprender a hacer algo bien con nuestras manos, se inicia un proceso extremadamente complicado que dota al trabajo de una fuerte carga emocional. Las personas cambian, al parecer de manera significativa e irreversible, cuando se funden el movimiento, el pensamiento y la sensibilidad durante la búsqueda activa y a largo plazo de los objetivos personales (…)” (WILSON, Frank R. (2002). La mano. Barcelona: Tusquets. p.19).

En una ocasión vino a verme un replicante, modelo Nexus-6, para que le enseñara a plegar. Nivel principiante. Sin nociones previas, me dijo. Me pidió unos diagramas y acto seguido se puso manos a la obra, con extremada eficacia y precisión. Plegó, ante mí, utilizando su potente sistema cognitivo. Como resultado: una intrincada y compleja figura, digna de un plegador experto. Me abonó la supuesta clase. No necesitó volver.

replicante pajarita

Esa misma semana volví a comprar papel para el taller extraescolar. Roberto apenas había acabado de salir del comedor cuando irrumpe en la fila delante del aula. En una mano todavía lleva un trozo de pan. En la otra su figura de la semana pasada, a medio hacer. Empezó a plegar con nosotros el año pasado, con siete años. Está impaciente por entrar. Dice que quiere aprender a plegar un dragón, grande y rojo. Para enseñárselo a los amigos en el patio. A su compañera de al lado le gustaría hacer flores para el día de la madre y otra más lejos le ha prometido a su profesora que le llevaría mariposas para decorar la clase. Necesita al menos veinte. Entramos. Tienen prisa. No pueden esperar. Las manos, algo sucias de comida. No ha dado tiempo a lavarlas. Pero se ponen a plegar con un cuidado exquisito el papel. Aprender nuevos pasos: cognición. Pasárselo bomba, disfrutar: emoción. Ganas locas de venir: “el año que viene me apunto dos días ¿se puede?”: motivación, incluso adicción. Roberto le dice a un compañero: “no, así no, ¡espera que te enseño!”: compartir. “¡Mira lo que me he inventado!”, me dice: creatividad. “¡Con este color me ha quedado genial!”: satisfacción, competencia. “¡Qué suave es este papel! ¡Mira cómo brilla!”: admiración, placer.

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En otros términos, cuando Roberto pliega los estímulos sensoriales que acceden a su cerebro, principalmente a través de las manos y de los ojos, activan distintas áreas de la corteza cerebral y del sistema límbico (amígdala, hipocampo…) que gestionan las emociones y emiten una respuesta (emocional) de alegría y de placer con distintas manifestaciones:

  • fisiológicas: aumento de ritmo cardiaco, dilatación de las pupilas, rubor, sudoración…
  • motoras: expresión facial de la emoción, levantar las manos, dar saltos, reír, …
  • cognitivas: valoración subjetiva de la sensación de bienestar
  • motivacionales: al plegar, su cerebro libera dopamina, lo que activa el circuito del placer o de recompensa y hace que tienda a repetir la acción. Decimos que plegar engancha. La experiencia se graba en la memoria emocional.

Emoción, pensamiento y motivación se funden así en beneficio de Roberto.

A María le sucede algo parecido en el taller de mayores al que procura no faltar cada martes. Relata que su experiencia es muy placentera, que se olvida de sus problemas cuando está en clase plegando y que el tiempo se le pasa volando. A este estado emocional, lo llamamos fluidez. Las emociones positivas que experimenta en el taller mejoran sus recursos personales para afrontar adversidades en la vida diaria.

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Roberto y María no son genios de la papiroflexia. Tampoco lo pretenden. Cada uno tiene su propio estilo. Sus figuras acabadas son hermosas. Incluso sin terminar. Porque son la expresión artística de sus subjetividades y llevan la huella de su personalidad.

Las emociones son automáticas y en buena medida, incontrolables. Tradicionalmente la psicología ha trabajado más con las emociones negativas, que producen malestar. La reacción de huída ante la emoción de miedo nos permite sobrevivir. Pero poco a poco está cobrando interés el estudio de las emociones positivas que además de permitir que la especie se perpetúe (placer ante displacer) cumplen una función de comunicación y de contagio colectivo y se constituyen como bagaje o recurso para un mayor bienestar.

La experiencia emocional de plegar estimula el contacto y la comunicación sociales a través de su expresión conductual (pensemos en la expresión facial) que facilita la interacción entre personas. Además de ofrecernos información no verbal del sujeto por su comportamiento al plegar, el origami ofrece a los terapeutas una herramienta rica para establecer una buena alianza con el paciente y se erige en un recurso creativo de terapia de gran valor. No en vano algunos terapeutas nos referimos a la terapia en general como una experiencia emocional correctora.

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Particularmente, plegar me emociona. Ver plegar a alguien, probablemente más. Sus manos, sus gestos, su postura, su expresión, sus dificultades, su alegría al conseguirlo… No sentí nada cuando plegó, delante de mí, el replicante.

Aumenta la salud de tu cerebro con el origami

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Una buena iniciativa de CEOMA,  la de poder transmitir a los mayores las posibilidades que tiene el origami, para el ocio y al mismo tiempo como herramienta de estimulación cognitiva. Con la colaboración del Imserso y el área de Servicios Sociales del Ayuntamiento de Madrid.

Con la colaboración de Gonzalo Paniagua.

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